JAVIER CASTILLA
& Casa González (León, 12)
Este encantador ultramarinos de 1931, que incluye restaurante y zona de cafetería y tapeo, pasa en ocasiones desapercibido por transeúntes despistados o con prisas. Pero entonces llegó Javier Castilla y revolucionó su puesta en escena, empleando incluso como piezas decorativas las delicatesens que ofrece el propietario. Todo el mundo se detenía a contemplar y comentar el espectáculo.
¿En qué consistió tu proyecto? Me basé en la filosofía de este negocio. Uno de sus dos escaparates lo dediqué a la promoción de los alimentos –quesos, vinos, embutidos, vinagres y aceites– sobre unas pirámides diseñadas por mí. En el otro, recreé un café con mobiliario que traje de mi estudio y de La Tienda de Reforma. Otras piezas estaban en el local, como la mesa de mármol o la varilla de los periódicos.
¿La clave de su éxito? Sin duda, el elemento viviente, un modelo vestido con ropa y sombrero de los años treinta que daba fuerza al decorado.
¿Cómo definirías esta experiencia? Además de unas jornadas divertidísimas, compartiendo momentos muy buenos con los compañeros, nuestro gremio ha salido, por fin, a la calle. Y sobre todo, mucha gente descubrió el espíritu de este barrio, así como la singularidad de sus tiendas.
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