LOS COLORES DEL MAR
Los espacios intercomunicados de este piso donostiarra rinden homenaje al paisaje del Cantábrico. ¿La fórmula? Extraer de él una gama cromática que, además de muy actual, unifica un interior organizado en perfecto equilibrio.
CUARTO DE BAÑO
El lavabo de la serie Zero de Catalano se apoya sobre un mueble lacado en blanco, que va suspendido de la pared. Esta se ha revestido con piedra de Carniglia, una arenisca italiana. El espejo duplica el espacio al estar instalado hasta el techo.
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Hay reformas que parecen mágicas, en las que todos y cada uno de los elementos se alían para un óptimo resultado. Es el caso de este piso de San Sebastián, proyectado por el interiorista Mikel Irastorza. En primer lugar, porque su distribución es un ejemplo de cómo el sentido común ayuda a la hora de organizar los metros cuadrados. Aunque la casa –ubicada en un edificio de 1940– contaba con unos volúmenes interesantes, la nueva organización ha logrado dar una generosa amplitud a la zona de día e inundarla de luz natural.
Y es que para Mikel, «todas las piezas deben encajar como en un puzzle». Así, el vestíbulo se prolonga hacia el salón o, más bien, forma parte de ese ambiente diáfano que también integra el comedor y la sala de estar para ver televisión. Todo encaja a la perfección. Hasta la cocina se oculta tras una ligera estructura de cristal y madera.
La segunda clave de este interesante trabajo radica en la elección de la carta cromática. Las tonalidades de la bahía de La Concha –azules, verdes, grises, arena...–, que se contemplan a placer desde los ventanales del salón, se han recreado en el interior. Paredes, puertas, tejidos, muebles y objetos se visten de texturas y matices que responden a un afán por encontrar la unidad que dé coherencia, armonía y equilibrio a la decoración. Además, destaca la elegancia de los muebles, muchos diseñados por Mikel Irastorza o adquiridos por los propietarios durante sus viajes a distintos países.