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Columnas con volutas, rodapiés super anchos, suelo de piedra black & white... Son tres extras que ha ganado esta vivienda, situada a un paso de la madrileña plaza de Cibeles. Estas cualidades se unieron a otras, como la magnífica altura de los techos y la amplia superficie con que contaba el piso. De la reforma se ha encargado la interiorista Casilda de Juan, que adaptó la distribución del espacio a la vida de los nuevos propietarios.
Primero abordó la reorganización de los metros cuadrados, excesivamente compartimentados, como era «típico de muchos edificios madrileños de comienzos del s. XX», dice la decoradora. Y añade la dueña: «Queríamos que las zonas comunes se situaran en el ala orientada al norte, porque tiene una luz muy bonita y uniforme todo el día, y que los cuartos miraran al sur para recibir los primeros rayos del sol cuando te despiertas».
El siguiente capítulo de la reforma fue retirar de paredes y suelos revestimientos obsoletos y, sobre todo, recuperar todos los elementos arquitectónicos y decorativos que restablecieran «el espíritu y la gracia de la época en que fue construido el edificio», indica Casilda. De ahí que se mimaran detalles originales como puertas de cuarterones, contraventanas, tiradores de porcelana... a los que se han unido caprichos vintage, como la bañera de hierro fundido y otros toques muy chic.