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Cuando Andrea Soler-Roig, del estudio Binomio Interiorismo, pisó por primera vez esta vivienda, supo al instante que muchos de los elementos originarios debían permanecer ahí, superando la reforma integral que había que llevar a cabo. Las molduras del techo, que hoy se actualizan con focos de acero; las puertas correderas, con tantísimo carácter, en las que se ha eliminado el barniz para ver la madera de pino al natural; y el parqué, ahora cubierto con una pintura epoxi en blanco, eran signos de calidad que merecían conservarse, siempre y cuando se rejuveneciese su imagen. Y Andrea lo consiguió sobradamente.
En cuanto a la nueva distribución, se eliminó alguna estancia para ampliar los dormitorios principales y se reformaron tanto los baños como la cocina, equipados hoy con muebles hechos a medida. La organización inicial de las zonas comunes, una sucesión de áreas que se comunican visualmente por grandes vanos, resultaba perfecta, por lo que se mantuvo intacta. Otros recursos, como la semilaca de las paredes y las nuevas telas y muebles han reforzado, sin lugar a dudas, la calidad y elegancia de los ambientes. Diseños extradepurados y tapicerías en tonos muy relajantes, sin apenas contrastes, conviven con piezas antiguas de contornos más coquetos.
«Me gusta mezclar, pero con mucho equilibrio, y guiarme por el instinto. La clave que siempre funciona consiste en decantarse por pocas cosas y elegidas con sensibilidad», nos explica la interiorista, que no ha vacilado en combinar arte contemporáneo con sillas del pasado y diseños metálicos ultramodernos. Y es que como aglutinantes, las gamas de tonos naturales y la madera de las puertas y otros detalles han ayudado en la tarea de crear ambientes realmente confortables.