UNA CASA CON ORDEN Y OSADÍA
Una distribución muy racional envuelve los ambientes de esta casa madrileña en los que reina la mezcla experta, la chispa optimista de la decoradora Malú González.
UN MUNDO DE TEXTURAS
La variedad de tejidos enriquece el salón: lino negro de Dedar en el sofá, seda de Jim Thompson para el sillón, la alfombra de cebra, piel de cabra blanca en la silla antigua, un panel de seda teñida de Misha entre los visillos de hilo y las cortinas de Yute´s... El cojín dorado es de Maison de Vacances, y la lámpara y el mueble
de espejo, de In Dietro.
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Estaba buscando una casa –explica Malú González– en la que pudiera integrar el estudio de interiorismo cuando topé, en la zona norte de Madrid, con el que había sido el taller del escultor Juan de Ávalos». Y no lo dudó. El espacio, de 200 m2, estaba dividido en dos pisos. El bajo era donde trabajaba el artista con sus monumentales piezas, por lo que los techos tenían cinco metros de altura: «Esto me decidió, porque encontrar en la ciudad un lugar de este tamaño es todo un lujo». En esta misma planta puso también la decoradora su área de trabajo e incluyó el garaje.
El piso superior, antaño las oficinas, lo destinó a vivienda tras realizar una importante reforma. Lo primero fue quitar la moqueta verde que cubría por entero la planta, con paredes blancas ahora y un suelo de resina epoxy white que, «aunque es muy delicado, potencia al máximo la luz natural». También se minimizó la presencia de los muchos pilares existentes, «integrándolos en armarios; sólo dejé uno exento en el salón». Un punto clave fue la nueva distribución, en la que se ha desvinculado la zona de descanso de la de estar. «Quería una organización del espacio ordenada, para luego introducir la locura con la decoración». Colores y texturas se utilizan como hilo conductor de un mobiliario que combina estilos sin tapujos. «Me encantan los tejidos con cuerpo, que entren por los sentidos. Para el color, una base neutra, pero jugando al contraste: siempre algo oscuro –negro–, algo claro –blanco– y algo de color en pequeñas cosas, como el amarillo vivo de las sillas del comedor».