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TRADUCCIÓN LIBRE
Esta casa mediterránea respira charme y solera, tras su reciente reforma. ¿El secreto? La sensibilidad al unir materiales y mobiliario en una enriquecedora convivencia fuera del tiempo.
EL COMEDOR La mesa está vestida con una combinación de diferentes damascos y linos, del estudio de la decoradora, como los sillones de mimbre. El sofá es Luis XVI y la lámpara de techo, del s. XIX, procede de Bélgica.

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Un ambiente fresco y acogedor, atemporal y amable. Estos son los criterios que primaron en la reforma de esta casa de vacaciones construida en los años 70, muy cerca de la costa malagueña. El proyecto realizado por el estudio Decoración Heloísa Málaga dio un vuelco a la distribución –sólo se conservaron los muros de carga exteriores y las tejas antiguas– y aumentó los metros habitables.
El antiguo garaje es hoy el dormitorio principal y la entrada, una torre de nueva edificación. Con una única planta, el aprovechamiento del espacio es máximo –apenas hay pasillos– y acoge salón, comedor y tres dormitorios. En la cubierta hay un solarium al que se accede por una escalera en el jardín.
Los materiales y revestimientos utilizados se adecúan al estilo más genuino de las casas andaluzas: los suelos son de barro artesanal –salvo la madera blanca del dormitorio principal– y en los patios existen zonas pavimentadas con encachados de cantos rodados. Hay pintura a la cal en las paredes y al aceite para resaltar rodapiés, zócalos, interiores de hornacinas o el tiro de alguna chimenea, y las puertas y algunas ventanas, en su mayoría recuperadas, presentan en la madera al natural trazos de las viejas capas de pintura, lo que eleva de grado su autencidad.
En cuanto al mobiliario, la decoradora ha apostado por abrir horizontes y componer una amalgama de piezas antiguas –básicamente del siglo XIX– procedentes de Francia, Bélgica e Italia, además de España. Sus formas y colores componen un evocador escenario de casa de campo fuera del tiempo y el espacio geográfico.