EL IMPACTO Y LA CALMA
Un mix de piezas que, de puro distintas, componen la más armónica de las atmósferas. La mano maestra del interiorista Tomás Alía las ha reunido en este piso madrileño bajo la batuta del orden y la unidad cromática.
ACERTADA GAMA DE TONOS
La delicada combinación de blancos, ocres y metalizados, junto a la tarima de roble que cubre el suelo, brinda al salón una serena elegancia. En primer término, una escultura en madera de Carlos Sánchez Alonso, en Marita Segovia.
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Parece que la mayoría de interioristas está de acuerdo: para estos expertos, no hay mayor reto que el de convertir una casa antigua, salpicada por incómodos muros, pilares y otras trabas estructurales, en un espacio actual, lo más diáfano y despejado posible. Justo lo que pensó Tomás Alía al acometer la obra de reforma y decoración de esta vivienda madrileña de 200 m2, sobre la que planteó una distribución abierta y luminosa, con un área común de grandes dimensiones, donde se suceden zonas de estar y comedor.
La propuesta más renovadora se centró en los acabados. Una tarima de roble, de lamas anchas y tonalidad natural, cubre ahora la mayor parte del solado, aportando un aspecto más auténtico y joven, mientras que una pintura blanca empolvada baña tanto paredes como techos con el fin de ganar claridad. En este apartado se añade, además, el rediseño de la carpintería, que integra grandes puertas corre- deras de dos hojas, lo que permite el paso de la luz hasta el pasillo central que distribuye todas las estancias.
En cuanto al fondo estructural, evitaron cualquier tipo de ornamentación. El resultado: una caja lisa e impecable que únicamente dispone de falsos techos que ocultan los sistemas del climatización y electricidad.
De esta manera, se formó la base idónea para un decorado de sobrado eclecticismo que entremezcla antigüedades, muebles de estilo vintage, clásicos del diseño del s. XX y elementos proyectados ex profeso por Tomás Alía.
El éxito en la mezcla se debe también a la selección de los tonos escogidos: ocres, blancos y pinceladas metálicas forman un trío equilibrado que llama a la calma y, sobre todo, cede el protagonismo al mobiliario y a sus formas, en un juego de rectas y curvas que dinamiza los ambientes.