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Oscuro, ruinoso, con una mezcla de materiales carente de interés y numerosas habitaciones sin ventana recuerda Elena Muñoz, del estudio Apunto, el estado en el que se hallaba este piso situado un céntrico edificio madrileño de principios del siglo pasado. Pero, pese al mal estado de las instalaciones, la interiorista y su socia, Anne Ward, supieron ver las posibilidades que el espacio ofrecía.
En la drástica reforma que sucedió a esa intuición, la vivienda original se subdividió en dos áreas, creando un pequeño apartamento comunicado con el resto de la casa, pero con entrada independiente, perfecto para el joven hijo de la propietaria. El núcleo principal de la casa cuenta con dos balcones cuyas vistas y luminosidad actuaron como eje determinante de la distribución, que se concibió abierta y fluida. Así, se tiraron tabiques y eliminaron puertas para que la luz natural circulara sin trabas.
A su vez, el estudio Apunto decidió conservar algunos guiños a las virtudes de la antigua construcción, convenientemente restaurados –la carpintería de los balcones, el suelo de pino melis del salón, los pilares de madera a la vista...– y mezclarlos con soluciones de look contemporáneo, como el suelo continuo de cemento y resina o la disposición abierta de la cocina. Esta combinación del ayer y el hoy se materializa también en la decoración, muy personal, en la que tienen cabida antigüedades, diseños de los años 50-60 y piezas actuales.