UN PISO DECORADO POR LUISA OLAZÁBAL
CLÁSICO ROMPEDOR
Las deliciosas piezas de ayer se revalorizan al formar parte de un escenario soberbio y actual, firmado por la decoradora Luisa Olazábal. Los estucados en grises y las estructuras industriales le añaden magia y misterio.
UNA ENTRADA DESPEJADA
Con una consola de la anticuaria Marie Christine Reiff y un cuadro de Miguel Macaya, en la galería Jorge Alcolea. Los jarrones bermellón son de Marita Segovia; el resto, de In Dietro. Al fondo, espejo con arco gótico procedente del estudio de la decoradora.
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Siempre que recorremos alguno de los proyectos de Luisa Olazábal, constatamos un concepto: los principios básicos del estilo clásico no tienen por qué estar reñidos con la actualidad. La cuestión es dar con una fórmula reconciliadora entre esa frescura del presente y el encanto incondicional del pasado, para sumar elegancia bajo un equilibrio, como ocurre en esta vivienda unifamiliar. Aquí, la interiorista introdujo con maestría una fabulosa colección de piezas antiguas entre nuevas estructuras arquitectónicas de carácter industrial y diseños extradepurados. Un mix serenado por tonos sobrios, dentro de la gama de grises, así como por las alfombras y cortinas que lo arropan.
«El entendimiento con la propietaria, que coincidía conmigo en la manera de entender una casa acogedora, me ayudó a desplegar toda la amalgama de ideas y estilos con la que suelo identificarme», nos explica Luisa.
La casa, que ya cuenta con casi 30 años, requería en primer lugar una reforma tanto a nivel de distribución como de revestimientos, algo deteriorados. Así, el recibidor, un espacio reducido y oscuro en su origen, se abre hoy al salón al eliminar el tabique que los separaba. En su lugar, se consiguió luz natural a raudales como carta de presentación, profundidad duplicada y, como gran sorpresa, una genial estructura al desnudo en hierro y cristal que dibuja y enmarca la silueta de la escalera principal de la vivienda. También en la primera planta, donde están la mayoría de los dormitorios, se modificó la organización y se sacó provecho a su fisionomía: «Destapamos los techos falsos y descubrimos una cubierta abuhardilla fantástica con vigas de madera. Ganamos altura y logramos una estética fabulosa». Y es que el gran triunfo de esta obra se basó en potenciar la arquitectura y la luminosidad con efectos decorativos sorprendentes.