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Entrar en La Reserva es adentrarse en un paraje privilegiado y exclusivo: un frondoso jardín de 32.000 m2 enclavado en una colina con fastuosas vistas al mar. En él se reparten las dieciséis viviendas que integran la urbanización, uno de los complejos residenciales que conforman Finca Cortesín, el ambicioso proyecto inmobiliario que la empresa Single Home ha desarrollado en plena Costa del Sol, entre Marbella y Sotogrande.
Y en una de estas casas hemos descubierto espacios que destilan encanto y muestran, en cada detalle, un interiorismo fresco y elegante.
Los arquitectos del proyecto, Roger Torras e Ignacio Sierra, han recreado en la construcción la esencia mediterránea tanto en el exterior, con sus volúmenes de formas cúbicas, cubiertas planas y unas blanquísimas fachadas, como en el interior, organizado en estancias amplias y luminosas, totalmente abiertas al paisaje. En cuanto a materiales y acabados, se han cuidado al máximo. Por ejemplo, el mármol travertino que pavimenta las es- tancias, en diferentes tonos, se trajo directamente de canteras italianas. Se han incorporado, además, soluciones técnicas que aumentan la comodidad y la seguridad, como el sistema de detección de inundaciones instalado en la cocina y los baños: en caso de fuga, corta inmediatamente el suministro en toda la vivienda.
La decoración debía cumplir similares criterios de calidad y confort, y por ello se recurrió a la maestría de las hermanas Ana y Cristina Calderón, de La Trastienda. Con un mobiliario procedente en su mayoría de este establecimiento, las interioristas han dado prioridad a la madera, sobre todo pino y olmo, sin tratar o teñida en tonos claros que acompaña a la carpintería de las puertas en iroco macizo. «Queríamos un ambiente muy natural –nos comenta Ana–, pero con un estilo que evitara el prototipo rústico». Así, optaron por una mezcla de piezas de diferentes épocas y origenes, perfecta tanto en el campo como en la ciudad, además de por el blanco como base para resaltar la luz solar y por telas frescas y confortables como linos y lonetas, también en gamas luminosas. El toque de color corre a cargo de los kílims y suzanis que se encuentran por toda la casa, aportando, a su vez, una nota de cosmopolitismo rabiosamente actual.