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Basta fijar la mirada un instante en el salón de este piso madrileño para descubrir la sutileza y destreza femeninas tan propias de la interiorista Isabel López-Quesada. Los ambientes aquí derrochan toda la imaginación de una experta que dispuso de total libertad para llevar a cabo tanto la obra de reforma como el proyecto de interiorismo. Claro que la opinión y el estilo de vida de la propietaria fueron decisivos en el guión a seguir durante el proceso de cambio de la vivienda: «Sentía que la casa se había desprendido de mí, o que yo había cambiado... Tenía que volver a ajustarla a mi vida», comenta.
Para lograrlo emplearon interesantes recursos de interiorismo, jugaron con la distribución, potenciaron la luz, los colores, los estilos... y consiguieron una casa con un algo muy especial.
Además de plantear una nueva organización espacial –se eliminaron estancias innecesarias para conseguir más metros en otras zonas comunes–, se maquilló el escenario con otros acabados y calidades, y hasta se abrieron y ampliaron ventanales. Así, por ejemplo, los suelos de madera originales fueron sustituidos por baldosas de piedra caliza que en algunas estancias llevan un encintado con listelos de basalto negro, simulando la cenefa de una alfombra. Este cambio resultó clave a la hora de potenciar la luminosidad y darle más vida a los ambientes.
Otro gran acierto fue la lista de tonos de pintura y papeles pintados que visten las paredes, sin olvidar el espejo del comedor, que, además de ganar sensación de amplitud, ofrece con su aspecto envejecido un halo de misterio y magia. A esto se une la amalgama –magnífica– de estilos en el mobiliario. Piezas asiáticas junto a diseños actuales, muchos de ellos ideados por Isabel López-Quesada, realzan la importancia de algunos muebles recuerdo de familia. Como remate, lámparas trendy y complementos exquisitos de cristal que acentúan la personalidad femenina que reclamaban los espacios.