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A los dueños de esta casa unifamiliar les encanta Mallorca, así que desde hace años, siempre que pueden, viajan desde Suecia para pasar sus vacaciones bajo el sol de la isla. Por eso, finalmente, decidieron construir una vivienda a su medida en una colina que mira frente por frente al mar y encargaron el proyecto al Estudio Dai 10. El arquitecto Alejandro Von Waberer y la interiorista Isabel Jover, con la ayuda del aparejador Juan Carlos Sopeña y el ingeniero José Fermoselle, consiguieron dar forma a los sueños de los propietarios. Las instrucciones de éstos fueron claras y muy concretas.
Deseaban una casa de líneas modernas –alejada de la arquitectura popular–, abierta a la luz y a las fabulosas vistas, que anhelaban disfrutar desde todas las habitaciones, y también que fuese cómoda, ligera y confortable, con espacios generosos y diáfanos. Además insistieron en dotarla de una decoración austera, sin alardes ornamentales. Otra de las premisas fue utilizar materiales nobles, de alta calidad. Y a la vista del resultado sus deseos se vieron cumplidos. El chalé se adaptó a la escarpada orografía –fantástica para gozar de buenas panorámicas– y el interior destaca por su amplitud y gran claridad. Los recursos empleados: fachadas acristaladas y terrazas perimetrales en cada planta, de manera que interior y exterior interactúan de forma natural y continuada; paredes blancas, piedra caliza de la zona en los pavimentos, mobiliario moderno de líneas depuradas en tonalidades naturales, cortinas de algodón... Un conjunto deliberadamente austero donde las concesiones se limitan a alguna escultura, a la colección de fotografías contemporáneas, que aportan viveza y restan frialdad a los tabiques inmaculados, y la presencia de la madera de roble resaltando puntos estratégicos de la casa.