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casa
PISO REHABILITADO EN MADRID
UNA NUEVA IDENTIDAD
De arriba abajo: así transformó la interiorista María Lladó esta vivienda madrileña. ¿El resultado? Espacios luminosos y diáfanos que tienen en el mix de elementos su fuerza vital.
CUARTO DE BAÑO
Separado del dormitorio y el vestidor por el gran cortinaje de terciopelo.

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Abrir la casa a la luz natural, aumentar el tamaño en el salón para crear distintos ambientes y conseguir una organización extraordinariamente fluida fueron los objetivos que María Lladó se propuso al proyectar la renovación de este piso madrileño de los años 50. Lo primero fue eliminar tabiques e integrar los metros de la antigua terraza, con lo que, además de obtener un interior de grandes dimensiones, consiguió dotarle de un espléndido mirador de suelo a techo. Luego articuló el espacio en distintos ambientes: al fondo situó una zona de estar, que es donde más tiempo pasa la familia; a continuación, el área de tertulia principal; frente a él, junto a los ventanales, una agradable zona de lectura.
La mayoría de las paredes se pintaron de blanco para reflejar la luz y crear, junto con el suelo, una caja inmaculada donde destacaran mejor los muebles. La excepción son los paños en forma de U que delimitan el estar principal: se revistieron de esmalte negro para dar más profundidad al ambiente y que adquiriese una personalidad propia, diferenciada. Este color extremo, que destaca especialmente con la elección de tapicerías extracálidas y mobiliario en laca blanca, tiene su correspondencia en el estor, también negro, de la zona más familiar, lo que da continuidad e incrementa la armonía y homogeneidad del conjunto.
Tras unas espectaculares puertas plegables, que permiten abrir el espacio al salón o independizarlo según convenga, se ubicó el comedor. Aquí, la decoradora incluyó librerías empotradas que le restan rigidez formal y lo vinculan con el salón contiguo. En el dormitorio principal, María buscó un efecto dramático con el gran cortinaje de terciopelo que separa la cama del cuarto de baño y el vestidor. Lo escogió en color berenjena, y estableció un medido contraste con el resto de la decoración en blanco. La guía cromática la marcó el cuadro abstracto de los años 60, un recuerdo familiar muy apreciado por los propietarios.

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