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CASA DE LOS AÑOS 60 REFORMADA
ELOGIO A LO ESENCIAL
En esta vivienda madrileña se dan cita tres aciertos: el experto uso del color, la elección de unos materiales de primera y un hábil equilibrio entre tradición y modernidad.
CUARTO DE BAÑO CÁLIDO Y ULTRALUMINOSO
Se ha revestido con la piedra caliza Nevada de la firma Cosentino, empleada también en la encimera que remata el armario de lavabo hecho a medida. La grifería procede de Gunni & Trentino y el carril de focos que ilumina el espejo, de Habitat. Los pequeños complementos son de El Taller de Gabriel y las toallas, de El Corte Inglés.

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Cuando la familia que vive en esta casa –un matrimonio con dos hijas– decidió instalarse en ella, tenía muy claro lo que buscaba. Un extenso bagaje en otras residencias, incluida una larga estancia en Estados Unidos, les había dado una amplia visión de los muebles y obras de arte que deseaban conservar y también sobre qué hacer para que lucieran en todo su esplendor.
La vivienda se encuentra en un edificio de los años 60, obra del arquitecto Antonio Garrigues. Su tamaño resultaba perfecto para las necesidades de sus ocupantes, la estructura inicial apenas sufrió cambios e incluso se conservaron algunos elementos originales, pero la reforma integral de las instalaciones –fontanería, electricidad...– fue inevitable y se modernizó la distribución para adecuarla a los nuevos tiempos. Una tarea que llevó a cabo el estudio de Pablo Carvajal. Este arquitecto entendió perfectamente las intenciones de los propietarios: proyectar una «caja» muy equilibrada y neutra para poner en valor los muebles antiguos y que, de esta forma, no resultara una decoración demasiado clásica. Para ello, concibió una nueva disposición de espacios, moderna y práctica, que multiplica la sensación de amplitud. Sutileza y efectividad definen el diseño de los elementos arquitectónicos, del juego de techos a los elegantes –y altísimos– rodapiés y los cubrerradiadores. También se aprecía en la carpintería de los armarios y de las puertas de paso, de suelo a techo, que se lacaron a juego con la pintura satinada de las paredes para que resultaran aún más invisibles.
La piedra Bateig en la zona de recibo y la tarima en los dormitorios son los materiales que cubren el suelo. En cuanto a la iluminación, es fruto de un minucioso plan: por un lado, las luces de techo, pensadas para bañar las paredes y destacar los cuadros correctamente mediante focos con dimmer que controlan la intensidad, todos de Años Luz; por otro, los puntos concretos, con lámparas de mesa de matices cálidos para lograr una atmósfera acogedora. Telas y tapicerías han sido también fundamentales a la hora de crear el marco adecuado para colocar el contenido. Secundarios de lujo en un escenario real preparado para que los elementos estrella, tanto por su valor sentimental como por su antigüedad, brillen con luz propia. De procedencias diversas, étnicos o europeos, muestran el acierto de la mezcla hecha con la calidad como bandera.

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