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Nada más conocer este piso, situado en Bilbao, los decoradores estuvieron de acuerdo en que necesitaba una reforma integral. ¿El objetivo a alcanzar? Espacios amplios con una distribución flexible acorde a las necesidades de los dueños y, además, potenciar la luz y las vistas para que formaran parte de los ambientes. Así, decidieron acabar con la compartimentación, destinar a las zonas comunes –salón, comedor, estudio– el área más luminosa y ubicar los baños y dormitorios en el interior de la casa.
Integrar la estética de un edificio de los años 30 con la decoración interior fue otro reto necesario para evitar los contrastes agresivos, extremo que resolvieron recurriendo a la sencillez: paredes blancas, carpinterías recuperadas también blancas y suelos de microcemento muy claro para reflejar la luz y dar amplitud. Los ambientes fueron creándolos en virtud de la utilidad reservada a cada espacio, buscando un confort pragmático y visual.
Fran Ugarte, también diseñador de muebles para la productora donostiarra Concha Bay, introdujo una línea decorativa contemporánea e informal, que recrea con soltura la mezcla de estilos y materiales –madera maciza, hierro, piedra...– en base a un afortunado maridaje de piezas dispares y un gusto notable por los acabados y texturas de aspecto contundente.
Junto a las creaciones de los interioristas, conviven muebles vintage, recuerdos de familia y clásicos del diseño del s. XX. Todo el conjunto tiene una imagen casual, fresca y desenfadada. Sobre todo el salón, que acoge distintas zonas para disfrutarlas en función del momento, la luz y la actividad a desarrollar. En cambio, la cocina recibió un tratamiento donde prima la funcionalidad, con dos frentes de muebles en paralelo diseñados por Iñaki Cuesta que aprovechan cada metro y regularizan el espacio en un ejercicio de equilibrio y orden marcado por la sencillez.