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Sabor, encanto, carácter..., muchas son las virtudes de esta vivienda, en Mallorca. Imposible elegir solamente una, puesto que todos estos rasgos de su personalidad, tan diferentes entre sí, se funden y entrelazan formando una identidad indivisible. Por un lado, las raíces rurales de la construcción se han respetado en la reforma de manera rotunda, así la arquitectura característica de la isla se muestra en la fachada de mampostería, las vigas vistas de sabina, los detalles en piedra de Benissalem o los arcos de medio punto rebajado. Por otro, los gestos de modernidad, como el pavimento de hormigón pulido, que se adaptan sutilmente a los materiales tradicionales.
Y el mismo espíritu de conexión con la esencia isleña, pero pasado por el tamiz de los gustos personales, lo encontramos en la decoración, en la que se aprecia el bagaje de los propietarios. De origen alemán, han vivido en diferentes países y algunos muebles les han ido acompañado en sucesivas mudanzas: varios de procedencia portuguesa o francesa, otros adquiridos en anticuarios de Hamburgo... Del mismo modo, su afición por los viajes ha contribuido a potenciar ambientes de singular eclecticismo, en los que se unen con efectiva coherencia detalles de arte tribal, antigüedades chinas o alfombras africanas, piezas que se amalgaman y complementan como si hubieran sido pensadas desde siempre para vivir juntas. Todo ello salpimentado con artesanía mallorquina y elementos cargados de sabor popular, que hacen más singular y ágil la sugerente atmósfera global creada.