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El propietario de esta vivienda buscaba una construcción con carisma que destilara solera y sabor antiguo. Tenía que ser amplia para disponer de espaciosas estancias que albergaran un gran volumen de muebles y objetos, sobre todo antigüedades, de las que es un declarado coleccionista. También debía estar rodeada por un jardín donde disfrutar del sol y el aire libre. Y encontró en esta torre semiderruida, que data del siglo XVI, el lugar perfecto para dar forma a su sueño: una cómoda residencia de vacaciones que diera cabida a sus tesoros, al tiempo que «huyera de una estética impostada y muy rígida», explica el dueño.
Se puso entonces en marcha una completa operación de reforma en la que lo único que quedó en pie del torreón original fueron los sólidos muros de piedra de un metro de espesor. El proyecto, firmado por el arquitecto E. José Orruela Castillo, incluyó la participación de toda una batería de profesionales –desde herreros expertos en forja antigua a carpinteros y restauradores de lámparas, entre un sinfín de especialistas–, más la valiosa aportación de ideas de tres decoradoras que asesoraron al propietario desde el comienzo: Begoña Calzada, Malu Sanroma e Isabel Badiola.
El despliegue de talento y maestría en la recuperación de innumerables elementos singulares fue también clave para que la edificación renaciera de manera tan esplendorosa. Un ejemplo: la madera de derribo utilizada en los suelos y algunas paredes se sometió a una exhaustiva restauración, al igual que el amplio abanico de piezas que el propietario ha ido encontrando en anticuarios de todo el mundo. De hecho, embocaduras de chimenea, muebles, esculturas, espejos y una lista interminable de objetos proceden de hasta cuatro continentes, «porque intento que en la casa quede la huella de los lugares que visito en mis viajes», comenta. De entre todas las antigüedades, se declara apasionado del arte tribal africano y del arte sacro –ambos se muestran en el salón: un espacio de 60 m2 anexionado en el siglo XIX a la torre original– y también hace un especial hincapié en las exquisitas estufas de cerámica realizadas por artesanos de Florencia.