UN REFUGIO RURAL EN BURGOS
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La tabla del ocho dejó de cantarse aquí hace tiempo, pero el espacio que antes ocupaban los pupitres ha recobrado vida y alegría gracias a la reforma realizada por el interiorista Mikel Larrinaga. Hoy es su pequeño refugio burgalés.
EN EL BAÑO
También hay antigüedades, como el maniquí chino con puntos de acupuntura comprado en Pekín o el taburete Tolix, edición especial en azul para la armada gala, en un desembalaje francés. El lavabo es de Saneamientos San Ignacio; los apliques, de Luz Bilbao; y el espejo, de Ikea.
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Si cada casa tiene su historia, la de este refugio rural es de las que le añaden emoción a un proyecto para hacerlo especial. El interiorista Mikel Larrinaga descubrió casualmente, durante los viajes que realizó para proyectar la vivienda de unos clientes, esta pequeña escuela de la II República en un pueblo del norte de Burgos. «Me enamoró el pasado que alberga la construcción, pero también la localización, en el Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Río Rudrón», explica. «Es sorprendente encontrar flora y fauna del Atlántico y del Mediterráneo juntas», añade con la pasión propia de un amante de la naturaleza.
Al paisaje, que te traslada mentalmente a la Provenza francesa, se unen el interesante patrimonio románico local y la arquitectura popular, intacta en estos pueblos de montaña. Ese espíritu entrañable de aldea auténtica, de «casitas en piedra y teja junto a prados con vacas –recuerda el interiorista– animó la filosofía de la rehabilitación». Así, Mikel Larrinaga mantuvo el carácter de la construcción de 1936 al recuperar ventanas, suelos de tarima y vigas originales y lo actualizó con piezas industriales y colores relajantes.