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UNOS PREMIOS CON HISTORIA
En 1960, convencidos de la necesidad de hacer visible una profesión casi desconocida, el arquitecto
Antoni de Moragas y el diseñador
André Ricard fundan
ADI –Asociación de Diseño Industrial, la primera de España– y lo hacen dentro de la estructura del
FAD (Fomento de las Artes y el Diseño), una entidad cultural privada nacida en 1903. Los
premios Delta fueron el principal motor de
ADI-FAD desde su creación. En un principio, estos galardones –que desde 1995 son bienales– se ceñían a productos netamente nacionales. En las dos últimas ediciones, sin embargo, optan por una dimensión internacional, al incluir productos comercializados en España, aunque su diseño y fabricación se realicen fuera de nuestras fronteras.
En 1961, cuando los
premios Delta iniciaban su andadura en Barcelona para apoyar la labor de los creativos industriales españoles y de las empresas productoras, el diseño era una preocupación de minorías. Cinco décadas después, esta disciplina forma parte de nuestra vida cotidiana. Una evolución social y estética que han reflejado fielmente estos galardones.
Durante la década de los 60 –años en los que la integración del diseño en el engranaje de la industria es mínima–, se premia sobre todo la funcionalidad, los artículos para el hogar moderno: electrodomésticos, afeitadoras, máquinas de escribir portátiles... Estos criterios continúan en los agitados 70, aunque se abre la puerta a propuestas más libres, donde no pese tanto el esquema forma-función.
Llegan los años 80 y con ellos un nuevo momento político y social. El
disseny catalán sale al mundo y la palabra «diseño» invade los medios de comunicación y la sociedad. En la década siguiente, el sector sufre los efectos de la crisis de los noventa y muchas empresas desaparecen. Sin embargo, los productos premiados destacan por su calidad y competitividad en el exterior. Además, se consolida un
star system de creadores españoles que se incorpora a la primera fila internacional. Finalmente, los 2000 son los años de la diversidad intercultural, la tecnología y la concienciación ecológica. ¿Y para el futuro? Seguro que el diseño seguirá afianzando su papel clave en el proceso industrial y haciéndolo cada vez más sostenible. Los Delta nos lo dirán.
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