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Nada hace pensar que este unifamiliar se encuentra en un terreno de difícil resolución arquitectónica. La buena gestión de volúmenes y espacios por parte del estudio de arquitectura Ábaton, y una decoración más que acertada son sólo algunas de las claves del éxito.
FACHADA DE MORTERO
Su tono natural se adapta al paisaje de pinos y arces japoneses. Las sillas M1 y la mesa Keramik, de MDF Italia –en Batavia–, componen el comedor de exterior.
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Volúmenes superpuestos, cubiertas planas, espacios abiertos, amplias cristaleras que introducen el paisaje en las estancias... Estas cualidades dan forma y sentido al principal escollo con el que el estudio de arquitectura Ábaton se encontró al proyectar y construir este unifamiliar situado en la localidad tarraconense de Cambrils. El reto lo marcó la singularidad de un terreno cuya forma estrecha y alargada, compuesta por dos rectángulos unidos por un pasillo encajonado entre árboles, condicionó de forma importante el trabajo. El objetivo fue conseguir sensación de espacio, de ahí que los ambientes se vincularan al máximo con el exterior para aumentar el efecto de amplitud deseado.
Desde el hall, en el centro de la planta, arranca una escalera que cohesiona la casa desde el garaje hasta el piso superior, donde está la zona infantil. Para Ábaton,«este elemento da acceso a las estancias, situadas a diferentes alturas, para crear un interesante juego de desniveles que evita pasillos». En la planta baja, un gran núcleo central con salón, cocina y comedor forma una zona común luminosa y en conexión con el jardín. A los materiales empleados, como el solado de piedra caliza apomazada, los muros de hormigón armado o la carpintería de DM lacado en blanco, que proporcionan acabados austeros y depurados, se une una fantástica y relajante propuesta decorativa, consistente en escogidas piezas, que firma Ábaton en colaboración con Batavia.