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EL EFECTO LOFT
Nada de tabiques, mucha luz y un drástico juego cromático son las principales bazas de este loft madrileño. Antiguo local, ahora es una vivienda espaciosa y muy cómoda gracias a la acertada reforma de Anta Arquitectos.
Una escalera adosada a uno de los laterales de la vivienda comunica las dos alturas. Es un elemento muy liviano –con una ligera barandilla metálica y sustentado sólo por un eje central– que, no obstante, toma protagonismo al crear los peldaños negros un vivo contraste con la pared blanca. Una hilera de focos encastrados en el muro recorren el tramo de escalones para iluminar su recorrido.


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Recordemos: los lofts surgieron como una alternativa económica de vivienda en el Nueva York de los años cincuenta. Sus primeros propietarios fueron estudiantes y artistas con bajo poder adquisitivo y necesidad de espacio que ocuparon almacenes, talleres, locales o naves para transformarlos en casas y estudios. Pero tardaron poco en convertirse en residencias de moda y hoy son un tipo de vivienda muy cotizada que define todo un estilo de vida: la de aquellos que sueñan con habitar en un espacio amplio, diáfano, luminoso y de techos altos, donde poder moverse con total libertad. Precisamente lo que estaba deseando la propietaria de esta casa madrileña.
En su origen era un local sin divisiones que contaba sólo con un pequeño aseo en la entrada. Con una sencilla reforma, el arquitecto Alfonso Bardají, del estudio Anta Arquitectura, lo ha transformado en una vivienda de dos niveles funcional, cómoda y muy actual.
Las zonas de uso común —salón, cocina, comedor y un aseo del que se conservó su ubicación original— se situaron en la planta inferior, compartiendo una misma y extensa superficie abierta donde los propios muebles actúan como barreras que demarcan cada uno de los ambientes.
El dormitorio requería privacidad, así que, aprovechando la altura que ofrecían los techos, Bardají construyó un altillo para ubicarlo. La habitación se planteó como una suite, por lo que el arquitecto realizó también un nuevo cuarto de baño en este nivel. Una zona de armarios a modo de vestidor y una pequeña área de trabajo completan el conjunto. El altillo cuenta, además, con una pasarela lateral que lo abre aún más a la planta baja y ha servido para situar una pequeña biblioteca. Una esquemática escalera de acero, con los peldaños de madera y una ligera barandilla metálica, comunica los dos niveles sin invadir apenas el espacio. La continuidad visual, imprescindible, se ha conseguido de forma muy efectiva a través del color.
En toda la vivienda se ha jugado al black & white: elementos en negro como la carpintería de las ventanas, la escalera, los muebles de la cocina o la instalación vista del aire acondicionado —conservada del antiguo local— rompen la supremacía del blanco impoluto que baña el suelo, las paredes y gran parte del mobiliario. El efecto visual está servido.
La elección del blanco como color dominante ha sido clave también para potenciar la enorme luminosidad de la que disfruta el loft gracias a los grandes ventanales que hay en el frente. Una claridad a la que contribuye sobremanera el acabado lacado en brillo por el que se ha optado en muchos de los muebles.




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