Milán. Sin duda, la ciudad del diseño. De allí es uno de los grandes. Giorgio Armani se ha convertido en un icono del buen gusto. Con él nos adentramos en sus rincones más íntimos, que, sin duda, rebosan equilibrio y refinamiento. Su filosofía es clara: "Menos es más. Lo sencillo es elegante". Así es y así nos lo ha hecho ver.
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Su casa es un palacete milanés de principios del s. XIX. Combina la tradición de la arquitectura lombarda con formas racionalistas y orientales en el mobiliario: "Lo más importante era crear una atmósfera relajada, casual y, sobre todo, cómoda". Él mismo fue el encargado de decorar cada estancia: "Intenté incorporar elementos que no fueran demasiado sofisticados. Buscaba calor, sencillez, funcionalismo". Y para ello incluyó piezas únicas: "Se trata de objetos que he recibido como regalo o que he ido adquiriendo en mis viajes, aunque, obviamente, también hay cosas diseñadas por Armani Casa". A pesar de que entre estos objetos de culto encontramos obras de artistas como Tiepolo, Matisse, Warhol y Le Corbusier, según el diseñador "una casa es para vivir en ella, no para enseñarla". Armani nos demuestra una vez más que es un hombre sencillo y accesible, pero ante todo, un fiel guardián de su intimidad.