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Sentido del humor, cercanía y dinamismo es lo que contagia Chus Burés nada más abrir la puerta de su estudio. Situado en plena calle Serrano –la crème de la crème del señorial barrio de Salamanca de Madrid–, sus altos techos rematados con ricas molduras de escayola delatan su pasado centenario. El diseñador de joyas nos da la bienvenida en un espacio diáfano y acogedor donde recibe a clientes y proveedores, pero también a amigos, ya que hace las veces de salón. Y es que show-room y vivienda están perfectamente integrados: «Siempre me ha gustado tener el estudio en casa, no sé diferenciar mi ámbito creativo de mi entorno privado. De hecho, hay reuniones que acaban en la cocina –donde se desarrolla la entrevista para Nuevo Estilo– y algunas decisiones importantes se han tomado sobre esta mesa. Quizá pueda parecer que soy un poco obsesivo, pero como mi pasión es el trabajo, dedicarle las veinticuatro horas es algo que me encanta».
Hace más de diez años que Chus Burés eligió este piso de grandes espacios intercomunicados a través de vanos abiertos: «Cuando lo compré tenía quince habitaciones, tiré casi todos los tabiques y ¡por ahora no se ha quedado pequeño!» Un denominador común nos acompaña en los distintos ambientes: pilas y pilas de libros y catálogos colocados en estanterías, sobre mesas o a ras de suelo. La gran mayoría son de arte, una constante en su vida que le inspira, como también lo hace «todo lo que me rodea: algo que veo en la calle, una película, lo que le pasa a mis amigos...» Entre estos figuran artistas de calado internacional, como Dokoupil: «Estuvo aquí hace poco. Me gusta por su visión creadora y porque es un gran experimentalista». Chus comulga con esta postura. No en vano, ha investigado en campos diferentes a la joyería con colecciones para la casa de alfombras, cerámicas, cuberterías....
A Dokoupil hay que unir nombres como los de Jesús Soto, Louise Bourgeois, Carlos Pazos, Antoni Miralda, Ana Laura Aláez o Miquel Barceló –con quien acaba de crear una serie de joyas–, sin olvidar a Almodóvar. Todos son muy subversivos –Louise Bourgeois retratada por Mapplethorpe es antológica–, quizá como el propio Burés, que no duda en calarse una máscara de luchador para el retrato que abre este reportaje. Y de la colaboración con todos hallamos ediciones limitadas que salpican cada rincón. Además de estas piezas, «un universo de libros, lápices y catálogos me acompaña en Bangkok –una ciudad a la que viaja con bastante frecuencia– o donde vaya. Me hacen sentir como en casa».