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especial
LORENZO CAPRILE
Lorenzo Caprile viste a las novias más elegantes del país -empezó por la infanta Cristina- y favorece como nadie a doña Letizia cuando va de gala. Sentimental empedernido, en su ático madrileño, cercano a su atelier, vive rodeado de recuerdos.
Lorenzo Caprile, en su taller de costura, con las fotos de las novias que ha vestido.

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Apesar de encontrarse en un céntrico barrio de Madrid, en medio del caótico tráfico de coches y peatones, el edificio donde reside el modisto Lorenzo Caprile parece salido de la máquina del tiempo, pues conserva intacto el encanto de su pasado señorial. Destila un sabor nostálgico que se percibe ya desde el portal. El ascensor de madera, con su espejo empañado de lunares y un asiento de terciopelo rojo que invita a tomarse la vida con calma, recala con un respingo final en la séptima planta, coronada por un enorme lucernario de cristal que casi permite tocar el cielo. El propio Lorenzo abre la puerta del piso, un luminoso ático invadido hoy por el equipo de Nuevo Estilo.
Llama la atención la decoración: alfombras de colores fuertes, pinturas ultramodernas, muebles familiares, objetos kitsch traídos de diferentes países, leones de todo tipo –que colecciona porque es del signo zodiacal Leo–, fotos de las novias que ha vestido pegadas en un corcho en la pared, una falsa portada de revista en la que aparece posando divertido con un tocado de novia...
La profusión de detalles, el contraste de estilos y el sentido del humor son los condimentos esenciales del ambiente, ya que como explica Lorenzo Caprile, «en cierto modo, esta mezcla refleja mi carácter: apasionado, cambiante y a veces un poco caótico».
El interior de la casa refleja muy bien el bagaje personal de este gran diseñador, que se hizo internacionalmente conocido tras confeccionar el vestido nupcial de la infanta Cristina y, posteriormente, el modelo que la princesa de Asturias lució en la cena de gala previa al enlace de Federico de Dinamarca y Mary Donaldson. «La base de la decoración es obra de la interiorista Sonsoles López Martín –comenta Lorenzo–, pero mi madre y mis amigos tienen mucho que ver en el resultado final. Ellos me ayudaron a elegir las telas y muchos de los muebles que están aquí, a crear esa imagen de casa con pasado que a mí me gusta tanto». Tal vez por eso, es difícil definir el estilo general, y es que Lorenzo Caprile no se “casa” con las modas pasajeras. Él es amigo de dar tiempo al tiempo.
«No me siento identificado con ninguna corriente decorativa –argumenta– porque mi estilo es muy ecléctico y se fragua poco a poco... En mi casa intento conjugar estética y comodidad, pero si tengo que elegir una de las dos, me quedo con la última».
Muchos de los muebles que hay en la vivienda lo vieron crecer y tienen una larga historia detrás, pues como asegura, «más que las antigüedades, me gustan las cosas viejas, los objetos que me despiertan recuerdos. De hecho, todas las piezas antiguas que hay aquí pertenecieron a mis abuelos, a mi madre... me son familiares». No cabe duda, las implicaciones sentimentales son un referente constante en la vida de Lorenzo Caprile, forman parte de su temperamento y en decoración se traducen en un ambiente con una alta carga emocional, donde cada objeto encuentra su lugar y tiene un porqué.




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