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especial
CARLA ROYO-VILLANOVA
La casa de Carla Royo-Villanova, experta en moda y reciente empresaria, un chalé en una zona residencial madrileña, destila personalidad por sus cuatro costados. La que revelan los espacios que se hacen con el tiempo y las vivencias de sus propietarios.
Los libros, que copan las estanterías y se ven abiertos en todos los rincones, son el tesoro de María. El modisto, sentado aquí en una silla Wassily, de Marcel Breuer, producida por Knoll, prefiere sus instrumentos musicales.

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Estamos acostumbrados a verla en los medios de comunicación y no sólo por estar casada desde hace quince años con el príncipe Kubrat de Bulgaria, sino a causa de su intensa actividad profesional: ejerce como directora de comunicación de la firma de joyas Trash and Soul, es miembro de la Academia del Perfume, escribe sobre moda, es autora de varios libros y acaba de iniciarse como empresaria lanzando su propia línea de cosméticos, Carla Bulgaria Roses Beauty, realizada íntegramente con agua de rosas. Una agenda de lo más apretada en la que, no obstante, encuentra un hueco para abrirnos las puertas de su casa.
En todas sus apariciones, Carla Royo-Villanova hace gala de un estilo propio, ajeno a las tendencias, que también se plasma en su hogar, donde lleva viviendo desde que se casó. «Esta casa refleja mi forma de ser y por eso me gusta tanto. Es divertida, ecléctica y con mucha mezcla: está decorada con los regalos de boda que me hicieron –no devolví ninguno, todos tienen un valor sentimental–, muebles antiguos de la familia, objetos que trajimos de nuestro viaje de novios a Marruecos, otros que hemos ido comprando con los años, sobre todo libros y cuadros... El resultado es un espacio que me da buenas vibraciones».
Pero no fue amor a primera vista. Cuando la compraron, la vivienda se encontraba en muy malas condiciones y hubo que realizar una reforma importante. «Nada más verla, nos pareció un horror, aunque supimos apreciar sus posibilidades. Además, se encuentra en una zona muy tranquila y, pensando en los futuros niños, nos gustó mucho su pequeño jardín –la pareja tiene en la actualidad tres hijos, Mirko, Lucas y Tirso, de doce, diez y cinco años, respectivamente–». El jardín es también en verano el lugar perfecto para recibir a los amigos, algo que a Carla le encanta: «Pongo por el suelo un montón de manteles indios y de almohadones, todo con bastante color, una mesa bufé y muchas velas. ¿La clave del buen anfitrión? Crear un clima agradable y hacer que tus invitados se sientan como en su casa».





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