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especial
ANTONIO CATALÁN
Propietario de la cadena AC Hoteles, el empresario navarro vive y trabaja a un ritmo frenético que no le hace perder su sonrisa. Charlamos con él en una de las siete casas que tiene por toda nuestra geografía: su masía catalana.
Detalles personales
Antonio Catalán con alguna de las piezas que le rodean: diseño, arte y fotos muy queridas.

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Oír su nombre y pensar en hoteles es inevitable. Y es que Antonio Catalán, dueño de la cadena AC, es el más mediático hotelero español: 62 establecimientos repartidos por toda España, Italia y Portugal, 162 millones de euros de facturación y casi 2.000 empleados. Y todo, en seis años. Antes, en 1978, de la nada, sin patrimonio alguno, creó la cadena NH, que vendió en 1998 por 19.000 millones de pesetas.
En consonancia, sus espacios privados: siete viviendas en las que alterna su residencia a lo largo del año: una finca en Toledo, una masía en el Ampurdán, una casa en la costa ibicenca, otra en el Valle de Arán, una más en Barcelona y dos en Madrid. Ah, ¡y un barco velero en Ibiza! Todas le aportan «la tranquilidad que necesito». Para amueblarlas, «suelo pedir consejo a los interioristas de los hoteles, pero me inclino por un estilo actual y de diseño». Aunque, eso sí, siempre pone el acento personal a la decoración. Como denominador común: la pintura contemporánea, que apreciamos tanto en todas y cada una de sus casas.
Es la persona que más kilómetros ha hecho en coche por España en los últimos años. Él mismo se encarga de localizar los solares, buscar socios y organizarlo todo. A un ritmo similar trabaja en su despacho, y esta frenética actividad alcanza también a su vida privada. Separado, tiene seis hijos de entre 7 y 31 años, fruto de tres matrimonios. A Catalán, esto no le parece complicado: «Me resulta maravilloso ser padre». A medida que crecen, ocupan un lugar en la gestión de la cadena hotelera, que, por cierto, debe su nombre a las iniciales de sus tres hijas: Alicia, Alejandra y Carlota.
En su tiempo libre, Antonio Catalán viaja. Cuenta que «en su maleta es imprescindible la ropa deportiva y en sus viviendas, la bicicleta estática. El deporte es vital para las personas que tienen una intensa actividad profesional». Por tanto, lo practica y se cuida. A sus 57 años, que no representa, tiene un aspecto físico envidiable. El ciclismo, Navarra y la pintura contemporánea son sus grandes pasiones.





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