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Nació en un piso de la barcelonesa calle Muntaner en 1935. Un año antes, su padre había fundado la primera clínica privada de partos de España. «Así que al tenerme en su propia casa, mi madre no le hizo mucha publicidad al centro de mi padre», nos comenta divertido. Hoy, en el Instituto Dexeus nacen 2.500 niños cada año y es un referente del buen hacer médico en el tratamiento a las mujeres. Y es que Santiago Dexeus ha dedicado toda su vida a la medicina y a la mujer. Podría pensarse que es un modelo de “hombre feminista”: «Creo en la mujer porque tiene una dedicación y un sentido de la solidaridad mayores que los de los hombres».Vital y dinámico, vive intensamente, porque «la vida es menos que la brisa, pasa fugazmente».
Su casa actual, en el también barcelonés barrio de Sarriá, fue de los poetas Carles Riba y Clementina Arderiu. El matrimonio Dexeus la compró hará unos 20 años. Precisamente, en un poema de Riba se describe el jardín como jardinet enclotat (jardín sumergido, encajonado). Pero ni este espacio exterior ni la vivienda son como en la época que la habitaron los poetas. Tras la restauración a manos de Frederic Correa y Alfons Milá, con la aportación de Victoria, la mujer de Santiago, la casa, edificada en 1870, sufrió una gran transformación. Moderna y cómoda, evoca aquella época en un jardín de estilo italiano «donde tengo el silencio y la paz», reconoce Dexeus. La construcción dispone de tres plantas perfectamente distribuidas: una, la baja, para las zonas comunes; otra, la del matrimonio, con un despacho: «Es uno de mis rincones favoritos porque mientras trabajo, puedo ver a mi mujer en nuestra habitación».
La última planta es para uso de los mellizos de la familia. Dentro de la vivienda, los libros ocupan un lugar destacado y aquí también su organización –clasificados por temas– salta a la vista. La lectura y la música son dos de las grandes aficiones de Santiago Dexeus, que es también un apasionado del arte contemporáneo. No en vano, toda la casa está salpicada de obras de importantes artistas. De su padre aprendió que debía buscar la verdad por medios científicos. A sus hijos quiere transmitirles que «la humanidad funciona cuando es culta, respetuosa y tiene un sentido democrático de la vida y la justicia social». Cree en su trabajo y siente que está al servicio del enfermo, y cuando decae, allí está su mujer para recordarle que no puede desfallecer: «No protestes, me dice, que a ti te paga la gratificación que te dan tus pacientes».