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especial
GRACIA QUEREJETA
Sus películas hablan de emociones. De un mundo de sentimientos que la directora Gracia Querejeta plasma en los guiones que escribe en su casa, un piso cerca del Retiro, en Madrid, que refleja a la perfección su carácter.
La mesa de comedor la acompaña desde hace 30 años: procedente de BD –«tienen muebles fantásticos»–, era su antigua mesa de estudiante y la ha usado en más de una de sus películas. Las sillas se las “robó” a su padre. Sobre el radiador, un cuadro de Carlos Saura y una pintura muy especial: un colorista retrato realizado por su hijo, Ian, de 12 años.


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Vivió su infancia rodeada de gentes del cine que le transmitieron la pasión por este arte. Debutó como actriz con sólo 13 años en Las palabras de Max, de Emilio Martínez Lázaro, pero su destino era otro: «No me tomé tan en serio el tema de interpretar porque no me atrapó. Yo era una niña y me pareció francamente aburrido. Creo que no tenía intención previa y me resultaba bastante más atractivo lo que estaba detrás de la cámara». Su padre, el productor Elías Querejeta, le ha enseñado mucho de lo que sabe de la profesión, donde Gracia no se ha conformado únicamente con dirigir. Ex profesora de la Escuela de Cine de Madrid, en sus películas –cinco hasta la fecha, una de ellas pendiente de estreno– se encarga también del guión, de la postproducción... «por eso tardo tanto entre una y otra», comenta.
Un cúmulo de conocimientos que la directora ha canalizado para ahondar en el mundo de las emociones. Así lo hizo con los personajes de sus largometrajes Cuando vuelvas a mi lado y Héctor, y ahora con los de este último que acaba de rodar: Siete mesas (de billar francés), donde dirige a Maribel Verdú y Blanca Portillo.
«Al escribir –afirma–,me influye mucho el entorno para idear situaciones. Los personajes de Siete mesas... viven en un contexto que no es el mío en absoluto, pero les envuelven sensaciones y experiencias que me resultan familiares. Siempre acabamos narrando lo que de alguna manera conocemos». Gracia es una guionista aplicada, de las que no cesan hasta sacar de sí mismas lo que quieren. Y el mejor lugar para ello es su vivienda, cercana al Retiro madrileño: «Me encanta el barrio. Conozco al pescadero, al de la mercería... Y lo mejor de todo es que puedo ir a diario al parque a hacer ejercicio». La casa es un piso de 140 m2 que Gracia Querejeta ha procurado no recargar demasiado de objetos. Sólo las piezas justas, entre ellas aquellas a las que tiene un especial apego: un espejo modernista que le regaló su madre –que es quien diseña el vestuario de sus películas–, un premio del Festival de Huesca del pasado año, un cuadro realizado por Carlos Saura con fotografías de modelos y actrices...
«Mi casa –nos confiesa– es una clara expresión de mis gustos y, en cierta medida, de mi carácter; es una prolongación de mí misma y mi espacio principal. Paso mucho tiempo en ella escribiendo, recibiendo a mi gente... y procuro que el ambiente me resulte agradable y, sobre todo, me aporte tranquilidad. Aunque no sea perfecto, porque para eso tendría que ser millonaria». Su rincón preferido es el salón y también le tiene un gran cariño a su estudio, pero reconoce que lo mejor de la vivienda es la gran terraza: «Me sirve de desahogo absoluto y la uso muchísimo: para cenas con los amigos o simplemente para tumbarme en una hamaca a leer, hablar por teléfono o cuidar las plantas, que me encantan».





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