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Representa la tercera generación de la saga de joyeros más emblemática de nuestro país. Emiliano Suárez dirige el marketing de la empresa familiar, cuyas piezas conservan todo el valor artesanal, pero incorporando dosis de actualidad y exclusividad. Tradición y contemporaneidad conviven también en su casa, donde su mujer, Bárbara Pérez Manzarbeitia –compañera de trabajo del interiorista Luis Galliusi–, se encargó de la decoración: «Luis y mi suegra, Lola, me ayudaron mucho. No ha sido sólo cosa mía», aclara. El estilo actual del piso combina con la zona en la que se encuentra, el madrileño barrio de Chueca.
El murmullo del gentío en la calle contrasta, sin embargo, con la calma del interior, rota sólo por los versos de Sabina –cuya música suena durante toda la entrevista–. El matrimonio se mudó cuando Bárbara estaba embarazada del segundo hijo: «Estuve toda la mañana mirando pisos, pero, hasta ver este, ninguno me convencía. Nada más abrir la puerta lo tuve claro, no me importaba tener que reformarlo». De la obra se encargaron la empresa de reformas Empty y el estudio de arquitectos de Edgar Bueso, que adecuaron la vivienda a las necesidades de la pareja. La entrada distribuye la casa en dos bloques: por un lado, salón, dormitorio principal –con vestidor y baño propios- y aseo; y por otro, cocina, sala de estar y cuartos de los niños.
Cuando les pregunto por sus estancias preferidas, Emiliano lo tiene claro: la cocina. «Me gusta preparar la comida para mis amigos en las veladas que montamos», apunta. Bárbara añade: «Yo me encargo de la decoración y aunque quiero que todo esté perfecto, lo importante es que la gente se encuentre cómoda». Tras pasar toda la mañana en casa de los Suárez, puedo confirmarlo: son los anfitriones ideales.