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EN UN SOLO COLOR
Elegir flores de una única gama es una solución sencilla y segura para un jardín pequeño o para crear un rincón especial. Te contamos la manera de hacerlo.
MIX DE MATICES: DEL ROSA AL LILA En primer plano, un macizo de plantas perennes –oreja de liebre, geranio, liatris, lavanda– y, como fondo, un rosal, grupos de hebes y un haya de hoja púrpura. En ambos dominan los tonos matizados de las gamas de rosa y morado –presentes en las flores– y los grises y platas de las hojas.

Los colores, más que las formas, influyen de manera decisiva en el carácter final del jardín. La primera consideración a tener presente es que dentro de cada gama hay muchos matices: unos, propios de las flores y hojas, y otros, que se producen por efectos del tiempo y de la luz.
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Una atmósfera neblinosa o norteña realza las tonalidades claras y suaves, mientras que las muy vivas y fuertes tienden a resultar chillonas. En cambio, el sol y la claridad transparente, casi cegadora, consiguen empalidecerlas: así, en el sur los tonos suaves blanquean y los más intensos se ven muy brillantes.
Respecto a los colores en sí, ten en cuenta los resultados ópticos que provocan. Los blancos y azules refrescan, agrandan el espacio y brillan a la luz de la luna, pero desmerecen a pleno sol. Los rosas y morados son tranquilos, elegantes o románticos y, según su contenido de azul -frío- y amarillo -cálido-, combinan bien o mal entre sí. El rojo y el púrpura, suntuosos e inquietantes, pueden resultar estridentes en un jardín pequeño. Amarillo y naranja imprimen cercanía y viveza, su luminosidad anima las zonas oscuras y da alegría en invierno. El verde es un decisivo factor de equilibrio y sosiego: desde el manzana al oliva, da pie a diseños de gran sutileza. Junto con grises y plateados, es imprescindible como fondo e intervalo entre las manchas de color.

COMBINA ESPECIES PARA DAR RITMO AL JARDÍN
Si quieres un espacio monocromático, pero dinámico y rico en matices, recurre a la eficaz fórmula de mezclar diferentes plantas. Esta guía te servirá de orientación.
Flores blancas y azules: campanilla, felicia, agapanto, nazareno, espirea, celinda, ceanoto, jazmín, retama de olor, margaritas, aciano, salvias, escabiosa, lino, arañuela, lobelia, iberis, vinca...
Amarillas y naranjas: tagete, forsitia, coronilla, euryops, capuchina, campsis, helianto, rudbekia, solidago, amapola de California, gallardía, gazania, caléndula, correopsis... Además de numerosas especies muy comunes, en rosa: bergenia, liatris, bellis; y en rojo: salvia, cresta de gallo, celosía, coleo (hojas).