PUBLICIDAD
Desde los rústicos, sin apenas mantenimiento, hasta los formales, cuya impecable factura se consigue a golpe de tijera, resulta difícil imaginar un jardín sin setos. Pueden ser pequeños para enmarcar los caminos, de barrera entre ambientes o elementos de impacto, al crear un fondo que realza a otras plantas. La única condición: eligir en cada caso la variedad ad hoc.
¿CUÁL ES EL TUYO?
Tupido y liso. Opta por tejo, tuya, ciprés –común y de Leyland–, laurel, durillo, aligustre –común y de Japón–, pitósporo, lauroceraso o Viburnum Rhytidophyllum. Son perfectos como fondo de jardín, pero necesitan podas frecuentes para mantener la forma.
Con flores u hojas de color. Consiguen un aspecto silvestre: escalonia, adelfa, cotoneaster, fotinia, camelia. Las podas, mejor ocasionales.
¿Defensivo e impenetrable? Prueba
con acebo, mahonia, agracejos (Berberis spp.) perennes y caducos, rosales arbustivos, Eleagnus x pungens y Eleagnus x ebbingei.
Para borde bajo: olivilla (Teucrium fruticans), santolina, romero, lavanda o boj (Buxus sempervirens «Suffruticosa»).