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Qué tienen los jardines de campo antiguos para cautivarnos tanto? Tal vez la fascinación se deba a su estilo poco ostentoso, expresivo y espontáneo, basado en el uso de la vegetación más que en el trazado, y a su gusto por los ambientes agradables para la estancia, tranquilos, sombreados, a los que llegaban las fragancias de alhelíes, rosas, violetas, lilas, narcisos, azahar... Las plantas solían ser propias del lugar o cultivadas desde hacía tiempo: fáciles de multiplicar e intercambiar pasaban de mano en mano, aunque también aparecían novedades traídas de los viajes, que, creando modas, se extendían con rapidez. Eran espacios asentados, en los que los árboles y arbustos lucían su porte natural, entremezclándose en una convivencia competitiva, pero complementaria; las trepadoras cubrían pérgolas y muros sin cortapisas y la tijera de podar se paraba sólo en los setos bajos o en las ramas secas o defectuosas, las únicas que eran eliminadas.
Dentro de la sencilla geometría de los viejos jardines dominaban las flores, poblando los muretes, los márgenes de caminos, colándose entre los arbustos y en los cuadros compuestos con esmero. El famoso jardín pintado por Claude Monet en la francesa Giverny (www.giverny.org/gardens/jardins.htm) y conservado como un tesoro es un magnífico ejemplo visitable.
HAZ UN JARDÍN A LA ANTIGUA
Floración continua. Elige las plantas para que florezcan escalonadamente y deja que se extiendan de manera espontánea por el jardín.
Gama de colores sostenida. Mejor evita los muy vivos y opta por una suave gradación de rosas, lilas, azules, amarillo-limón y toques de granate o púrpura.
Plantas silvestres. Atrévete con las de la zona o similares: lavanda, jara, lentisco, madroño, nazarenos, ipheion, violetas y rosales arbustivos o trepadores.