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La presencia de agua en los jardines, al margen de su condición necesaria del riego, cautivó y sigue cautivando, sobre todo en los países de climas secos. Bajo un sinfín de formas, logra imprimir, de una manera más o menos intensa, serenidad o viveza, relax o energía.
La luz magnifica y llena de magia los efectos visuales que acompañan al agua: una superficie en calma refleja el entorno y, por muy pequeña que sea, produce la impresión de ampliar el espacio, de atraer el cielo y las nubes. Son especialmente reflectantes los recipientes o piletas con fondo oscuro y sin dibujo. Además, la lámina de un estanque, movida por el aire, tintinea con miríadas de brillos, mientras que en las gotas de una fuente a contraluz aparecen los colores del arco iris. Pero también el movimiento del agua evoca placeres sonoros y enriquece nuestras sensaciones. Podemos oír su suave murmullo, que, dependiendo de la cantidad y potencia, puede llegar a ser estruendo, a la vez que aumenta la sensación de frescor porque es mayor la evaporación.
Un recipiente o pileta bien elegido y ejecutado realzará cualquier idea –la variedad de materiales y de formas es infinita–, pero recuerda que el efecto será mejor si el agua llega a los bordes y se ve transparente y limpia.
FAVORECE LA SOSTENIBILIDAD
La calidad del agua. En instalaciones pequeñas se utiliza agua potable, previamente tratada. Sólo hay que reponer la que se evapora y limpiar los recipientes con periodicidad. Si proviene de un pozo, es conveniente analizarla y según los resultados, filtrarla y tratarla químicamente.
Siempre en circuito cerrado. El agua de fuentes decorativas y canales no puede bajo ningún concepto perderse. Haz que recircule, propulsada por una o más bombas, continuamente.