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Elijo... La lámpara-paellera que me regalaron mis compañeros de estudio y colaboradores habituales tras un viaje gastronómico-arquitectónico a Valencia en 2002.
¿Por qué? Es una pieza única, trabajada con mucho cariño y hecha por gente que aprecio. Resulta muy emotiva.
¿Cómo es? Los bichos de la paella son mis colaboradores y, en el centro, el limón es una cúpula de Calatrava.
¿Dónde está? En una repisa situada a dos metros de distancia de mi mesa de despacho. Sólo la enciendo cuando vienen visitas y quiero impactarlas. O asustarlas.
¿Cuál es su utilidad? La definiría como una pieza de diseño reciclado, propia de la era del neoartesanado postindustrial customizado. Muy útil no es, la verdad, pero ¿a quién le importa la utilidad frente a la poesía?
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