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A sus clientes les lleva siempre de tiendas y juntos hojean pilas de revistas. Y es que educar el gusto, poco a poco, resulta básico para crear decoración.
¿Cómo definiría su función? Una empresa de servicios que, a través de contactos y experiencias, facilita el camino al dueño para lograr la casa de sus sueños –¡no de los míos!–.
¿Por dónde se empieza una obra?
Debemos partir de una idea general. Yo reinvento siempre sobre plano. Después de aclarar la distribución espacial, planteo la posición del mobiliario base y los imprescindibles del cliente, para después organizar las tomas eléctricas. Y entonces comienza la obra: elegir materiales, suelo, pintura...
Y después, el proyecto decorativo...
En el que prefiero un único mueble de calidad que cincuenta piezas pobres o mil telas... Flores, fotos y recuerdos con algo que contar añaden estilo.
¿Eres partidaria de la mezcla?
Me apasiona, pero es muy importante que exista armonía entre las piezas: darle sentido a la unión de, por ejemplo, una cómoda Luis XVI, una pintura contemporánea y una butaca fifty. Aquí, la intuición y el buen gusto juegan una baza crucial.
¿Con qué estilo te identificas?
En mi casa, mix natural y vintage; para mis clientes, el que les haga felices.
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