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Bajo el profundo respeto por la arquitectura tradicional, Ramón de Abadal aplica fórmulas cien por cien contrastadas al rehabilitar y decorar casas de campo.
La clave de una reforma rústica...
Limitar al máximo la apariencia de nuevo. Los elementos que se integren debe parecer que llevan ahí toda la vida.
¿Y qué has añadido en esta masía?
Los pigmentos naturales en las paredes, los suelos de barro con un tratamiento de aceites, pátinas en las vigas de los techos, carpinterías decapadas... En definitiva, técnicas que hacen de la reforma algo menos evidente.
¿Siempre materiales tradicionales?
Soy poco partidario de los acabados muy modernos, pues restan encanto a una casa con historia. En cambio, me gusta renovar el alma con arte contemporáneo y objetos decorativos que no tengan nada que ver con la zona, como alfombras orientales u objetos y muebles traídos de otros países.
¿Qué tejidos son los más acertados?
Los naturales: linos, lanas, sedas salvajes y algodones puros, con aspecto rudo, como de haber sido realizados a mano. Evito los colores estridentes y los estampados muy marcados.
¿Y en el tema de la iluminación?
Siempre cálida, lámparas con pantalla y luces puntuales dirigidas a piezas que merezcan la atención. Es importante la iluminación exterior, ya que la vista desde el salón hacia afuera puede ser tan atractiva de día como de noche.
Un detalle que te sorprendió...
El aspecto de ligereza logrado gracias a los colores de ventanas y postigos. Quizá no son los típicos, pero dan un aire muy alegre a la masía.
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