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Recién llegada de la New York Fashion Week, Teresa de la Pisa responde a nuestras preguntas accionando en su mente ese interruptor que la hace cambiar en un clic del plano de la tela al del metal. Y es que, un feliz día, esta diseñadora de moda hizo una escultura para su casa y, desde entonces, no para de recibir encargos. ¿Dónde está el secreto? «A lo mejor gustan tanto porque tienen algo de ese mundo de la moda. ¡No lo sé! Para mí es el mismo trabajo crea- tivo. Sigue tratándose de mi mundo interior», dice. La diferencia, claro está, son los materiales. Utiliza bronce, cobre, aluminio, pero también alpaca o latón que mezcla con corales, caracolas, erizos, hojas, maderas… La intención: «Lo importante es que las obras transmitan alegría.
Me sorprende verlas en casa de los clientes y observarlas como si fuera la primera vez». Espontaneidad y un guiño ingenuo son dos valores de sus frondosos árboles metálicos –por ahora, de 2 m de altura; está probando a alcanzar los 3 m– que dotan de una luz especial a los rincones donde se exhiben. Sin duda, reflejan ese goce de vivir que busca y practica con fruición la artista.
Para Teresa cada creación ha de ser única, todo proyecto es un reto interesante. «Trabajo espontáneamente y la mayoría de las veces no sé cómo será el resultado. Es parte de la diversión y del misterio. Me intriga ir adaptándome a cómo reaccionan los materiales».
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