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Nos encontramos con ella en un piso situado en pleno centro de Madrid. Por sus cuatro costados, el interior respalda los cánones de una arquitectura puramente racionalista, tan propia de la década que le vio nacer, allá por los años 60.
¿En qué medida influye el estilo del edificio en tu trabajo?
Fue un factor clave. Es positivo ajustarse al escenario y estudiar su origen para preservar la autenticidad. Claro que lo importante es implicar al cliente y repasar sus gustos.
¿Cuál fue el leit motiv en esta obra?
En mis proyectos, el arte juega una gran baza, aglutina el estilo y aporta intensidad emotiva al resultado final. Los cuadros y esculturas que contemplamos aquí, por ejemplo, potencian el corte moderno de la vivienda y marcaron la paleta de color.
¿Esta casa revela tu identidad?
Bueno, se trata de una balanza equilibrada entre lo clásico y lo moderno. Tiene mucha frescura actual, que viene dada por los cuadros y, sobre todo, el elegante mix de texturas y de estilos.
¿Cómo se acierta a la hora de casar elementos muy dispares?
La combinación de materiales es lo más complicado y se debe contar con la intuición que te va forjando la experiencia. Un recurso que no falla es la unidad cromática como base: eliges una gama homogénea que luego irás desglosando a lo largo de las habitaciones. En este caso, los grises y ocres han sido los tonos más dominantes, en lisos, rayas, brocados...
Pero también hay golpes de color...
Sí, elegimos algún toque naranja que animara las estancias. Los contrastes aumentan la personalidad, siempre y cuando se usen con moderación.
¿Qué relevancia le has dado a la iluminación de la casa?
Al caer la noche, la luz artificial es un factor decisivo para conseguir una atmósfera determinada. Suelo partir de una base dispersa a nivel general para añadir después las más puntuales en las zonas de reunión.
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