MARISA G. SERNA
Tras dejar la ciudad por el campo gaditano, esta decoradora volcó sus ilusiones y experiencia en Las Tiendas de San Enrique. Allí ofrece piezas deliciosas capaces de crear una casa con emoción. Y nos explica cómo.
PARA UN ESPACIO DE TERTULIA
Lo forman dos butacas en cuero de la firma Arflex y una mesa de juego, todo italiano de los 50. Los jarrones de cristal son franceses, años 30. En la pared, un fondo de una antigua boiserie con un espejo de Murano años 30. Las
lámparas de bronce son francesas de principios del s. XX; la alfombra, moldava; y las fuentes de cinc, parisinas.
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El hallazgo de piezas con fuerza e historia que puedan convivir en una casa de hoy –sea cual sea su estilo– es el motor que impulsa a Marisa G. Serna cuando se recorre Europa en furgoneta buscando esos tesoros –«no veo otra forma más auténtica de hacerlo que viajar»– que luego encontramos en su almoneda, Las Tiendas de San Enrique. Aunque huye de encasillamientos, fue una de las pioneras del vintage: la tendencia que, reivindicando los muebles de los años 50 a 70, es la reina de la modernidad.
El boom de esta corriente, Marisa lo atribuye a los magníficos diseños que se fabricaron en aquella época: «La gente joven con ganas de cambio empezó a fijarse en ellos hace unos años. Primero, por su buen precio, pero también por el color, la ligereza y la alegría que transmiten. En ese periodo, –de la recuperación de la guerra mundial al ánimo de una generación revolucionaria–, hubo una eclosión de diseñadores que crearon obras geniales, muchas hoy en museos, que gracias a la producción en serie llegaron a casi todos los estamentos sociales».
Pero además Marisa tiene también otra pasión, las bibliotecas francesas y portuguesas del s. XIX: «Es que no puedo concebir una casa sin libros». Y le siguen entre sus favoritos las mesas populares de pino, inmensas; los apliques de la primera mitad del s. XX y las obras de los arquitectos-diseñadores europeos de entreguerras. De todo ello hay representación en Las Tiendas de San Enrique. Un último consejo:«Me resulta inconcebible una casa sin ningún mueble antiguo, pero mucho más que no se usen, que su destino sea la mera exhibición».
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